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jueves, 16 de agosto de 2012

UNO: el saqueo de los Othacehé

Bloquea la educación universitaria en el Oeste

Con completa desprolijidad infraestructural, organizativa y académica, en septiembre de 2011 se inauguró (preelectoralmente) la Universidad Nacional del Oeste (UNO). La mujer de Othacehé, concejal Mónica Arnaldi, presentó este proyecto cuando fue diputada nacional duhaldista hace 10 años. Pero tomó cuerpo el año pasado con la presencia protagónica -electoral- de Cristina Kirchner en el Golf de Padua.
La UNO se enmarca en la aparición de varias universidades del Conurbano: José C. Paz, Moreno, Avellaneda, Florencio Varela. Todas controladas por el kirchnerismo, con la excusa de descentralizar la educación superior y acercarla a franjas más desfavorecidas. Pero los fines del K-Othacehé son otros.
Este ‘anhelo’ de los Othacehé se ha convertido en la punta de lanza para acabar con el CUM (Centro Universitario de Merlo) que albergaba más de 5.000 estudiantes del CBC para su ingreso a la UBA. Por un histórico proceso de lucha de la juventud de Merlo, en 2008 se logró sostener la cursada en el CUM. Sin embargo, el gobierno distrital utilizó su ‘Proyecto X’ local (infiltración, patotas, difamación, amenazas) para intentar desbaratar la resistencia de docentes, estudiantes y vecinos y expulsar el CBC de Merlo y de la zona Oeste (en el Riglos de Moreno, la sede está siendo removida progresivamente).
Los directivos de la nueva UNO carecen de antecedentes académicos, y pertenecen al entorno político-familiar de Othacehé. El plantel de docentes, administrativos y no-docentes se maneja dedocráticamente o por el nivel de lealtad al gobierno municipal y K.
Al haber sido lanzada sin edificio propio, la UNO es un sello con una docena de sedes prestadas, alquiladas o con otro funcionamiento originario. Sin embargo, maneja una caja presupuestaria abultada para su manejo discrecional que proviene de fondos nacionales. En el cuatrimestre cursado en el 2011, solo se desarrolló la Licenciatura en Gestión Educativa con un alumnado no superior a los 200 y talleres para ingresantes, que tenían como objetivo ‘nivelar’ al estudiantado pero en realidad, buscan “filtrar” desde la materia Matemáticas para hacer encajar la cantidad de estudiantes a las paupérrimas condiciones edilicias. Pero la burocracia de la UNO "sufrió" su primer derrota: los ingresantes desaprobados en Matemáticas (no tenían chances de continuar cursando) se organizaron con un petitorio y presentaron más de 100 firmas. Los Othacehé tuvieron que echar lastre: permitieron el acceso de todos los que reclamaron, con la condición de cursar en 2012 un curso de Matemáticas extra-curricular.
Los millones de pesos que maneja Othacehé podrían doblarse este año. ¿Adónde van a parar estos fondos?
Por ahora, inflan los abultados salarios de las autoridades que rondan los 25 mil y los 45 mil pesos. Sin concursos y sin una intervención docente y estudiantil organizada e independiente del poder político local, la UNO se verá bloqueada, y seguirá esquilmada por los amigos de Othacehé. En el medio de una proscripción impulsada desde el poder, se desarrolla una pantomima de inclusión y acceso a la educación. El pueblo debe organizarse para sacar la mordaza “Othacehé” de la UNO, eliminar los filtros al ingreso y conseguir la apertura a concursos democráticos para los docentes.
Cristian Franco

lunes, 3 de octubre de 2011

"Bonapartismo con faldas"

Lo que sigue es la respuesta que Jorge Altamira envió a la periodista de Clarín, Susana Viau, con motivo de las referencias que hace en su columna del domingo pasado, “La inflación, la libertad de prensa y Napoleón”. Viau alude a la posición sobre el bonapartismo que Altamira expuso en el programa de TN, “Código Político”, del jueves precedente.




La periodista Susana Viau dedica una parte de su columna del domingo a las declaraciones de la Presidenta acerca del bonapartismo y a la respuesta de Altamira a ellas. Su análisis es equivocado en ambos aspectos. En principio, atribuye al peronismo un carácter bonapartista, cuando esa caracterización se aplica a los regímenes y métodos de gobierno -no a los movimientos o partidos políticos. Para que se conforme un gobierno bonapartista (que concentra el arbitraje político entre las clases en una sola persona) no es suficiente la ideología: es necesario que se reúnan ciertas condiciones políticas.
Contra lo que dice Viau, Cristina Kirchner no “cayó en ninguna trampa al confundir a Napoleón I con Napoleón III”, porque es precisamente del primer Napoleón, no del segundo, que deriva la caracterizacióndel “bonapartismo” como régimen político moderno. Napoleón I, oficial y general de los gobiernos de la Revolución Francesa, neutraliza la pelea entre las clases en pugna que desata la revolución y establece una década de estabilidad política interna y guerras revolucionarias en el exterior. La Presidenta pretende inscribirse en esa tradición que arranca con Napoleón I, pero ¿están reunidas las condiciones para ello?
Altamira dio respuesta a esta cuestión en numerosos artículos y tesis en la prensa, así como en congresos de su partido mucho antes de que CFK hiciera alusión al asunto hace dos semanas. De modo que no es cierto lo que dice Viau: 1) que “Altamira no reparó en la metida de pata de la Presidenta” (no existe la metida de pata); 2) ni que “Altamira cayó en un exceso autorreferencial” al considerarse un blanco de la observación de la Presidenta acerca de “cierta izquierda” que caracteriza al gobierno de CFK como “un bonapartismo tardío”. Unos días antes de esta referencia al “bonapartismo” y a “cierta izquierda”, la Presidenta había atacado a los trabajadores del subte nucleados en el Frente de Izquierda (la comisión directiva del sindicato es kirchnerista, en la variante Yasky). Altamira, como se ve, se puso en el lugar correcto.
El bonapartismo en Argentina no nace con el primer gobierno de Perón: una caracterización semejante vale para Juan Manuel de Rosas, quien puso fin a las interminables crisis políticas que desató la Revolución de Mayo y también, hasta un cierto punto, para Hipólito Irigoyen. No es Milcíades Peña, en sus opúsculos sobre historia argentina, el primero en caracterizar a Perón como bonapartismo, según cree la periodista, sino Silvio Frondizi, en su libro (anterior) La Realidad Argentina -aunque es verdad que Frondizi alude “a un colaborador” de ese libro, que con certeza fue Peña. La caracterización que hace Peña del rol político de Evita, “bonapartismo con faldas” es una ¿elegante? salida literaria, nada más; las fuerzas armadas vetaron su postulación a vicepresidenta en 1951. Milcíades Peña perteneció a una corriente que sostenía que la clase obrera, bajo Perón, estaba representada por los partidos comunista y socialista, y que el 17 de octubre había sido protagonizado por el “lumpen proletariado y la policía”.
El fenómeno del bonapartismo en América Latina fue uno de los aportes teóricos fenomenales de León Trotsky, quien lo desarrolló a la luz de la experiencia del mexicano Lázaro Cárdenas (1936-40). Trotsky añadió que el bonapartismo en América Latina tenía la peculiaridad de representar, a su modo, a las tendencias nacionales que entraban en choque con el imperialismo. Este aspecto es negado o subestimado por Peña en relación con el gobierno de 1945-55.
Después del primer gobierno de Perón, el peronismo no volvió a poner ningún gobierno bonapartista. No lo fue, por supuesto, el de Cámpora-Lastiri, en tanto que el intento de Perón al reemplazarlo no prosperó -como bien se ve en su último discurso, el 12 de junio de 1974, en Plaza de Mayo. El de su sucesora fue un gobierno directamente fascistizante de la mano de la triple A. Tampoco lo fue el de Menem, pues no debe confundirse el gobierno personal que emana del presidencialismo argentino con el bonapartismo, que representa una forma especial que no se reduce al presidencialismo. Néstor Kirchner, por su lado, intentó varias formas de método de gobierno, desde un bipartidismo centroizquierda-centroderecha (que minimizaba al PJ, poblado de ‘centroderechistas’), un intento luego de ponerlo en el centro, hasta el aislamiento final depués de la 125 y la derrota electoral de 2009. Cuando le adjudicamos al gobierno actual el carácter de “bonapartismo tardío”, tomamos en cuenta la derrota reiterada que propinó al intento de la oposición de gobernar por medio del Congreso, a la cual le impuso, en distintos episodios de crisis, la estatización de las AFJP, el pago de la deuda con reservas del Banco Central y el manejo del Presupuesto por decreto. El 50% de votos que obtuvo la Presidenta en las primarias es la manifestación electoral de esta reversión política.
Este bonapartismo es “tardío” porque nace al final del ciclo del kirchnerismo y del ciclo económico internacional que llevó el precio de la soja y los beneficios sojeros por las nubes. Los K perdieron en 2009 en el momento más fuerte del impacto de la crisis mundial en Argentina. Es también “tardío” porque la capacidad de arbitraje político en las condiciones de la bancarrota capitalista mundial es muy estrecha. Como todo bonapartismo, el episodio que vivimos ahora es una expresión de la completa crisis del régimen político y de los partidos tradicionales. La expresión risueña de la inviabilidad del experimento oficial es la pretensión de la Presidenta de reemplazar al justicialismo por La Cámpora o el cristinismo. El crecimiento del Frente de Izquierda es la contrapartida de la derrota de la derecha y de su improvisado intento parlamentarista, y del canto del cisne del intento bonapartista del gobierno actual.
25 de septiembre

Jorge Altamira, candidato a Presidente por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores

jueves, 19 de mayo de 2011

La fuerza del espanto (sobre el discurso de la presidente)

La primera plana de Prensa Obrera del jueves pasado se adelantó al discurso apocalíptico de la Presidenta -precedida como un aperitivo combinado por el de Mario Ishii, el intendente de la paupérrima José C. Paz. Titulamos "(Estamos) con los que reclaman y luchan", antes de que CFK se desencadenara justamente contra ellos con la acusación de que no eran solidarios con el conjunto de la sociedad. La Presidenta produjo un caso de lobbysmo explícito, porque abogó por los intereses de su compinche Eskenazi, quien se coló en YPF de la mano de la familia Kirchner con la plata de los dividendos de la compañía con la que paga el préstamo que le dio Repsol para convertirse en accionista. Esto explica su furia contra los petroleros y docentes de Santa Cruz, los que no se rinden a la ‘paz social' que les quiere imponer CFK contra sus derechos y reclamos. La prensa ‘destituyente' y la UIA se tomaron de estos ‘conceptos' presidenciales para saludar el discurso y la disposición de la Presidenta para congraciarse, dijeron, con la clase media. Los medios y los alcahuetes le dan esta categoría social a los asalariados que consiguen sobrepasar el costo de una canasta familiar con el trabajo del matrimonio y, a veces, de sus hijos.
La feroz verborragia contra la clase obrera por parte del gobierno popular quedó opacada, sin embargo, por la queja ronca de la Presidenta contra los que le gritan vivas mientras buscarían moverle el piso. CFK dramatizó algo que no es cierto: quienes la vivan le están asegurando la estantería, lo último que se les ocurriría es sacudirla. La burocracia sindical, Moyano, los pichones de La Cámpora, la Solano Lima y la Juventud Sindical se desesperan por escalar a su sombra, no por voltearla. La Presidenta simplemente encubre su intención de favorecer a los más íntimos, como ocurre con cualquier gobierno de camarilla. Es cierto que el quejido impostado de la gobernanta puso al desnudo la fragmentación del armado oficial, pero esto es así desde 2003 y se va reciclando. Que la Presidenta no puede gobernar sin la regimentación de los sindicatos por medio de la burocracia quedó expuesto una semana más tarde de dos maneras. Una, cuando después de reglamentar la ley de prepagas -que consagra la privatización de la salud por parte de Menem- renovó el manejo por parte de la burocracia sindical del fondo de prestaciones especiales que administra -y malversa- el Estado desde los tiempos del riojano. La otra fue cuando invitó al acto en que anunció de nuevo licitaciones de Ferrovías para el Belgrano Cargas, a los ‘compañeros' de Pedraza. Quienes cuentan confidencialmente que el círculo interno de la Casa de Gobierno querría desnivelar la cancha de la interna peronista en contra de Moyano, olvidan que el Rasputín del caso, Amado Boudou, apoya sus pretensiones a la candidatura para jefe de Gobierno de la Ciudad en el tejido que maneja Moyano. En definitiva, como repetimos abusivamente los argentinos, "los une el espanto" -un lazo que no es encomiable, pero suele ser de los más perdurables. La Presidenta intenta montar un escenario electoral plebiscitario, no para descolocar a Moyano, sino porque ve cernirse otra sacudida de la crisis mundial, como lo revelan la fuga de capitales, la formación de un mercado paralelo del dólar, así como la crisis comercial y financiera con Brasil.
La acción del Frente de Izquierda se inscribe en esta crisis potencial de conjunto, o sea que no debemos limitar la campaña electoral al propagandismo o difusión de ideas, sino que debemos desarrollar una alternativa política, o sea reclutando para el Frente y organizando comités de base y redes de apoyo a nuestra campaña. Mientras tanto, paritarias fundamentales no se han cerrado, como metalúrgicos o la alimentación, además de varias otras. El Frente debe incrementar su apoyo a estas luchas por medio de una agitación enérgica.