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jueves, 5 de julio de 2012

Aguinaldo: otro paso de ruptura de los trabajadores con el gobierno

Hace sólo siete días, los medios oficialistas presentaban a la movilización de la CGT en Plaza de Mayo como un “fragote de la oposición y las corporaciones mediáticas”. Habrá que ver lo que dicen ahora de los paros y movilizaciones convocados por Yasky y Baradel contra el pago del medio aguinaldo en cuatro cuotas -o sea en ocho parcelas. Para los trabajadores, no es sólo el gobernador quien carga con la responsabilidad de esta crisis, aunque CFK juegue a la distraída.
En cualquier caso, la quiebra bonaerense es apenas la expresión visible de un derrumbe en la organización económica y social del Estado. Dieciocho provincias presentan problemas de pagos con sus trabajadores y proveedores. En previsión de lo que se viene, Binner ha propuesto a Cristina un “gobierno de concertación nacional”. Es que en dos meses, “la provincia debería desdoblar también el pago de salarios” (AF, 4.7). El dislocamiento de los estados tiene otra expresión en la huelga policial de Santa Cruz, el aparato de represión que viene asegurando el “ajuste” contra docentes, estatales y petroleros. En Chubut, los obreros tercerizados de la construcción pelean a brazo partido contra el pulpo Pan American y todos los poderes del Estado. Así funciona la ‘recuperación de la soberanía energética’.
Derrumbe económico
Los golpes a salarios y aguinaldos así como la paralización de la obra pública, son un mazazo a la actividad económica. Una mayoría de especialistas asegura que hay una recesión industrial. La tentativa de pesificar el movimiento inmobiliario ha fracasado y los permisos de nuevos obras han caído un 50% respecto de junio del año pasado. Los voceros de la construcción privada consideran que “el megaplan del gobierno para construir viviendas será imposible de cumplir” (AF, 19.6). El boom de los precios de la soja, por la sequía norteamericana, acentúa los desequilibrios, porque financia los subsidios a las privatizadas que crecen aún más que la inflación. La posibilidad de que el precio de la soja se derrumbe, porque “China ya se encuentra en caída libre” (AF, 3.7), acentúa la presión para que se apure la devaluación del peso y los tarifazos.
Los relevos
En este cuadro de disolución del gobierno kirchnerista, la reforma constitucional reeleccionista sólo levanta rechazos. Es el caso del presidente de la Corte. El “ultra K” Alperovich, campeón del bioetanol y la desnutrición infantil, acaba de reunirse con los intendentes de su provincia, Tucumán, para apoyar las pretensiones de Scioli en 2015. En la Legislatura bonaerense, el FpV perdió la mayoría a fuerza de divisiones; ¿es un anticipo de lo que podría ocurrir en el Congreso Nacional? La asociación empresarial IDEA, que acunó a Menem cuando éste era aún un ‘indeseable’, asegura que “gran parte del establishment ve últimamente (en Scioli) una alternativa política válida para los próximos años”. (La Nación, 23.6). Pero es una alternativa que deberá pasar antes por el “ajuste”, salvo que se haga echar para volver en 2015.
Alternativa política
Algunos comparan a la actual crisis con la que enfrentó al kirchnerismo con el capital agrario, en 2008. Es al revés: en lugar de sojeros, hay obreros; los capitalistas operan desde la retaguardia, favorecidos por los ataques del ‘progresismo’ contra la ‘aristocracia obrera’. El XXI Congreso del PO va a debatir las condiciones y las tareas para ese desarrollo político.

lunes, 3 de octubre de 2011

Los K sin blindaje ni salida ante la crisis mundial

No es necesario ser un opositor recalcitrante para denunciar el impacto de la crisis mundial sobre Argentina. Alcanza, para ello, la lectura del diario oficialista BAE del lunes pasado.
Una nota: “Las automotrices preocupadas por la devaluación del real y menor actividad”. Otra: “Las empresas congelan sus planes de financiamiento por el agravamiento de la crisis”. Una más: “En lo que va del año, empresas argentinas pierden 28.538 millones de dólares en valor de mercado”. La Nación, claro, no se queda atrás: “Por la crisis, queda cerrado otro afluente de divisas”. Tampoco Clarín, lógico: “La soja bajó 11,6%, en el último mes”. Lo que los diarios no informan aún es que, como consecuencia de todo esto, las automotrices han eliminado las horas extras -lo cual, además de ser un fuerte golpe a los salarios de bolsillo, anuncia una línea de suspensiones y despidos.
Queso gruyère
Como se puede ver, ni Argentina está ‘blindada’ ni el ‘modelo’ es inexpugnable. La manifestación más evidente de esto es el resurgimiento de la salida de capitales, la que ya alcanza un promedio de dos mil millones de dólares por mes. Esta sangría implica un retiro de circulante del mercado interno, con un efecto depresivo, y un golpe a la capacidad de financiamiento de la economía. No es cierto que se trate de una reacción típica de períodos preelectorales, porque la victoria del oficialismo se da por descontada; en todo caso sería una reacción anticipada de la etapa poselectoral -cuando quede claro que el gobierno ha agotado sus recursos para hacer frente a la crisis. Las multinacionales repatrian fondos de sus filiales para responder frente a la imposibilidad de refinanciar sus propias deudas internacionales.
La tesis oficial -que la crisis internacional no equivale a una bancarrota capitalista, sino a un desajuste o desequilibrio transitorio- se ha hecho humo en los últimos días, cuando se ha comenzado a planificar la salida de Grecia de la Unión Europea, o la división de ésta en dos bloques: la UE del norte y la UE latina. También se ha evaporado la fantasía de que la crisis se circunscribe a los países desarrollados, o de que Argentina está afuera del tumulto como resultado de ocho años de ‘desendeudamiento’. Según el relato oficial, China, India, Brasil (y, por lo tanto, Argentina) se inscriben en una tendencia de crecimiento de largo plazo y el comercio internacional entre la periferia y el centro ha sido desplazado progresivamente por el intercambio sur-sur.
El drenaje de las reservas es claramente una salida de capitales y no una fuga de dinero de los ahorristas. Así lo demuestra la intervención del Banco Central en el mercado de futuros, donde opera el capital financiero, o incluso las operaciones que se realizan a través de la Bolsa. La disponibilidad de reservas internacionales ha caído por debajo de los 50 mil millones de dólares, pero el monto esconde las mencionadas operaciones de futuro y el uso de los dólares de la Anses.
La salida de capitales, la disminución drástica del superávit comercial con el extranjero y el déficit fiscal han cortado el flujo financiero, pero, por sobre todo, han generado el déficit financiero del Tesoro y del Banco Central. El Tesoro se ha endeudado, en pesos, con el Central, por 30 mil millones de dólares a cambio de letras; en tanto que el Central tiene deuda, en pesos, con los bancos, por un monto similar. A esto hay que sumar la deuda contraída en el mercado de futuros, por más de 5 mil millones de dólares y más de 2.500 millones de dólares de préstamos de corto plazo (‘swaps’) con los bancos centrales de otros países. Asimismo, el Tesoro tiene un vencimiento a la vista (cupón PBI), en pesos, por 2.200 millones de dólares, que se añadirán a la cola de la fuga de capitales.
Descontadas todas estas deudas, las reservas del Central de 49 mil millones de dólares se reducen a bastante menos de 15 mil millones. Si se quisiera cancelar la deuda con los bancos, que está en pesos, o pagar la diferencia de cambio por los contratos a futuro, la emisión monetaria resultante se iría toda a los dólares -o sea que no hay una muralla china entre la deuda en pesos y las reservas en divisas. El camino que queda es la devaluación de la moneda, porque revalorizaría las reservas internacionales en términos de pesos y desvalorizaría las deudas del Central medidas en dólares. La brecha entre la cotización del dólar al contado (4,20 pesos) y el que se fuga por medio de la compra de acciones en la Bolsa (4,60 pesos) estimula la formación de un mercado negro para los dólares que ingresan por la exportación. La salida de la devaluación acentuaría la suba de precios y reventaría el sistema de subsidios a las privatizadas y el transporte.
Con la guitarra a otra parte
¿Qué hace el gobierno ante este derrumbe? En primer lugar, recurre a los fondos disponibles de la Anses, con la expectativa de que la recaudación previsional no caiga. El vaciamiento de la Anses se manifiesta también en la caída de los precios de las acciones de empresas y de los títulos públicos que tiene en su poder (25% de sus activos) -le ha ocasionado una pérdida de valor, en el año, de entre siete y diez mil millones de dólares. El otro recurso es vender dólares; la decisión de entregarlo a futuro al mismo precio que al contado revela un estado de desesperación, porque admite pagar las consecuencias de una devaluación o dejar que los especuladores inviertan en pesos con un seguro de cambio gratuito. En el caso de las provincias, el gobierno nacional las ha autorizado a endeudarse en el exterior al 9-11% anual ¡en dólares! Esta política suicida delata que la única carta del gobierno es la expectativa de que la crisis mundial (la misma crisis de la que estaría blindado) amaine.
Mientras el gobierno cede a la presión de los especuladores, la llamada oposición reclama que defienda las reservas por medio de una recesión económica: bajar gastos públicos, aumentar las tasas de interés, cerrar acuerdos con el exterior para poder luego tomar deuda internacional, reducir las retenciones a las exportaciones para aumentar el superávit comercial. Nadie objeta el saqueo del Banco Central y la Anses.
Salida anticapitalista
¿Cuál es el planteo de izquierda en este cuadro? Naturalmente, el cese del pago de la deuda externa y la prohibición de repatriación de utilidades y dividendos. Para que esto sea efectivo, es necesaria la apertura de los libros de los grandes grupos económicos y de los bancos, bajo un control obrero. Sobre esta base se plantea la nacionalización del sistema bancario y del comercio exterior. Es la respuesta anticapitalista inmediata, o sea transicional, a la bancarrota capitalista.
Es urgente que el Frente de Izquierda desarrolle una agitación política en estos términos, para ofrecer una respuesta a la inquietud de los trabajadores y una vía de salida a la incapacidad del ‘gobierno nacional y popular’ para hacer frente a la bancarrota del capital.

Jorge Altamira

"Bonapartismo con faldas"

Lo que sigue es la respuesta que Jorge Altamira envió a la periodista de Clarín, Susana Viau, con motivo de las referencias que hace en su columna del domingo pasado, “La inflación, la libertad de prensa y Napoleón”. Viau alude a la posición sobre el bonapartismo que Altamira expuso en el programa de TN, “Código Político”, del jueves precedente.




La periodista Susana Viau dedica una parte de su columna del domingo a las declaraciones de la Presidenta acerca del bonapartismo y a la respuesta de Altamira a ellas. Su análisis es equivocado en ambos aspectos. En principio, atribuye al peronismo un carácter bonapartista, cuando esa caracterización se aplica a los regímenes y métodos de gobierno -no a los movimientos o partidos políticos. Para que se conforme un gobierno bonapartista (que concentra el arbitraje político entre las clases en una sola persona) no es suficiente la ideología: es necesario que se reúnan ciertas condiciones políticas.
Contra lo que dice Viau, Cristina Kirchner no “cayó en ninguna trampa al confundir a Napoleón I con Napoleón III”, porque es precisamente del primer Napoleón, no del segundo, que deriva la caracterizacióndel “bonapartismo” como régimen político moderno. Napoleón I, oficial y general de los gobiernos de la Revolución Francesa, neutraliza la pelea entre las clases en pugna que desata la revolución y establece una década de estabilidad política interna y guerras revolucionarias en el exterior. La Presidenta pretende inscribirse en esa tradición que arranca con Napoleón I, pero ¿están reunidas las condiciones para ello?
Altamira dio respuesta a esta cuestión en numerosos artículos y tesis en la prensa, así como en congresos de su partido mucho antes de que CFK hiciera alusión al asunto hace dos semanas. De modo que no es cierto lo que dice Viau: 1) que “Altamira no reparó en la metida de pata de la Presidenta” (no existe la metida de pata); 2) ni que “Altamira cayó en un exceso autorreferencial” al considerarse un blanco de la observación de la Presidenta acerca de “cierta izquierda” que caracteriza al gobierno de CFK como “un bonapartismo tardío”. Unos días antes de esta referencia al “bonapartismo” y a “cierta izquierda”, la Presidenta había atacado a los trabajadores del subte nucleados en el Frente de Izquierda (la comisión directiva del sindicato es kirchnerista, en la variante Yasky). Altamira, como se ve, se puso en el lugar correcto.
El bonapartismo en Argentina no nace con el primer gobierno de Perón: una caracterización semejante vale para Juan Manuel de Rosas, quien puso fin a las interminables crisis políticas que desató la Revolución de Mayo y también, hasta un cierto punto, para Hipólito Irigoyen. No es Milcíades Peña, en sus opúsculos sobre historia argentina, el primero en caracterizar a Perón como bonapartismo, según cree la periodista, sino Silvio Frondizi, en su libro (anterior) La Realidad Argentina -aunque es verdad que Frondizi alude “a un colaborador” de ese libro, que con certeza fue Peña. La caracterización que hace Peña del rol político de Evita, “bonapartismo con faldas” es una ¿elegante? salida literaria, nada más; las fuerzas armadas vetaron su postulación a vicepresidenta en 1951. Milcíades Peña perteneció a una corriente que sostenía que la clase obrera, bajo Perón, estaba representada por los partidos comunista y socialista, y que el 17 de octubre había sido protagonizado por el “lumpen proletariado y la policía”.
El fenómeno del bonapartismo en América Latina fue uno de los aportes teóricos fenomenales de León Trotsky, quien lo desarrolló a la luz de la experiencia del mexicano Lázaro Cárdenas (1936-40). Trotsky añadió que el bonapartismo en América Latina tenía la peculiaridad de representar, a su modo, a las tendencias nacionales que entraban en choque con el imperialismo. Este aspecto es negado o subestimado por Peña en relación con el gobierno de 1945-55.
Después del primer gobierno de Perón, el peronismo no volvió a poner ningún gobierno bonapartista. No lo fue, por supuesto, el de Cámpora-Lastiri, en tanto que el intento de Perón al reemplazarlo no prosperó -como bien se ve en su último discurso, el 12 de junio de 1974, en Plaza de Mayo. El de su sucesora fue un gobierno directamente fascistizante de la mano de la triple A. Tampoco lo fue el de Menem, pues no debe confundirse el gobierno personal que emana del presidencialismo argentino con el bonapartismo, que representa una forma especial que no se reduce al presidencialismo. Néstor Kirchner, por su lado, intentó varias formas de método de gobierno, desde un bipartidismo centroizquierda-centroderecha (que minimizaba al PJ, poblado de ‘centroderechistas’), un intento luego de ponerlo en el centro, hasta el aislamiento final depués de la 125 y la derrota electoral de 2009. Cuando le adjudicamos al gobierno actual el carácter de “bonapartismo tardío”, tomamos en cuenta la derrota reiterada que propinó al intento de la oposición de gobernar por medio del Congreso, a la cual le impuso, en distintos episodios de crisis, la estatización de las AFJP, el pago de la deuda con reservas del Banco Central y el manejo del Presupuesto por decreto. El 50% de votos que obtuvo la Presidenta en las primarias es la manifestación electoral de esta reversión política.
Este bonapartismo es “tardío” porque nace al final del ciclo del kirchnerismo y del ciclo económico internacional que llevó el precio de la soja y los beneficios sojeros por las nubes. Los K perdieron en 2009 en el momento más fuerte del impacto de la crisis mundial en Argentina. Es también “tardío” porque la capacidad de arbitraje político en las condiciones de la bancarrota capitalista mundial es muy estrecha. Como todo bonapartismo, el episodio que vivimos ahora es una expresión de la completa crisis del régimen político y de los partidos tradicionales. La expresión risueña de la inviabilidad del experimento oficial es la pretensión de la Presidenta de reemplazar al justicialismo por La Cámpora o el cristinismo. El crecimiento del Frente de Izquierda es la contrapartida de la derrota de la derecha y de su improvisado intento parlamentarista, y del canto del cisne del intento bonapartista del gobierno actual.
25 de septiembre

Jorge Altamira, candidato a Presidente por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores

domingo, 11 de julio de 2010

CRISTINA EN CANADA

Barrick Gold, el gran aliado de los K

En su viaje a Toronto, para asistir a la cumbre presidencial del G-20, Cristina Kirchner asistió a un almuerzo convidada por el fundador de la Barrick, la empresa minera que explota desde hace más de cinco años el yacimiento de oro de Veladero en San Juan y que está construyendo a pocos kilómetros de allí, en la frontera con Chile, la mina de oro de Pascua Lama, una de las más grandes y rentables del mundo.
Cristina no se limitó a comer. A los directivos de Barrick “les aseguró que ‘las reglas no cambiarán, y eso es muy importante para una inversión de largo plazo’” (La Nación, 27/6).
Música para los oídos de los mineros cuando el precio del oro se encuentra por las nubes, porque los K les aseguran que no tocarán un céntimo de esa enorme plusvalía o ganancia extraordinaria. ¡Y el Credicoop Heller nos dice que pretende gravar la renta financiera!, como si el diferencial entre el costo de producción del oro y su precio no fuera una renta financiera –más allá de la estrictamente minera.
La Presidenta disipó cualquier temor de los pulpos a que el Estado les fuera aumentar las amarretas regalías fiscales de un 3%. En Australia, al primer ministro le acaba de costar la cabeza su pretensión de aumentar esas regalías para recoger alguna migaja del alza espectacular de los precios (la prensa calificó a la destitución como un “golpe incruento”).
Mme. Kirchner no quiso correr el mismo riesgo –aunque cuando vetó la ley de glaciares ya se había cubierto de semejantes sinsabores. “La palabra de la Presidenta y la promesa de más inversiones, concluye el enviado de La Nación, sepultaron el reclamo” (de aumentar las regalías). La misma Barrick fue señalada en su momento como la impulsora del veto de Cristina a la ley de glaciares -que prohibía la explotación de yacimientos mineros en la zona donde se encuentran justamente Veladero y Pascua Lama.
También fueron de la partida alimentaria en Toronto los directivos de Panamerican Silver, que explota la mina de Manantial Espejo de plata y oro en Gobernador Gregores, provincia de Santa Cruz, y que acaba de comprar el yacimiento Navidad en el norte de la meseta de Chubut, la más grande reserva de plata del país y una de las más grandes del mundo. Das Neves se apresta a modificar la legislación provincial que prohíbe la explotación minera a cielo abierto –de nuevo, para facilitar los negocios del pulpo canadiense.
También participaron directivos de Oro Cobre y Lithium Americas, que está encarando la explotación de sendas minas de litio en los salitrales de la puna salteño-jujeña. El noroeste argentino, al igual que Bolivia, posee grandes reservas de este mineral, que es clave en la fabricación de las baterías para los autos eléctricos o híbridos, la tecnología del futuro.
Cristina estuvo acompañada por sus gobernadores mineros. Junto a Gioja, el agente descarado de la Barrick, se anotaron el salteño Urtubey y el jujeño Barrionuevo, los continuadores de la política de Romero y Fellner. No faltó tampoco el riojano Beder, que hizo campaña criticando el proyecto de la Barrick en Famatina. Que no hayan ido el sureño Das Neves o el cobista Brizuela del Morral, de Catamarca, es sólo anecdótico, pues de todos modos no abrieron el pico después del almuerzo canadiense; ¡cómo lo van a hacer si son pioneros en la entrega y en la destrucción del ambiente!
No estamos, sin embargo, ante otro negociado más de cuño ‘nacional y popular’. Los K se vuelven a colocar firmemente del lado de los pulpos mineros en la confrontación de éstos con China por los precios de las materias primas minerales. Barrick es un aliado ‘necesario’ cuando en el G-20 consideran que hay socios de más en el grupo y que habría que despedir a algunos –entre ellos, la Argentina K. Por esta razón, lo más importante de la cumbre paralela de Toronto entre la dama (y la intelectual) del matrimonio con Barrick y compañía fue la declaración del presidente de este pulpo, quien elogió: 1) el canje; 2) la transparencia institucional del gobierno; 3) la solidez de las instituciones políticas. Barrick se ha transformado en el puntero electoral más importante de los K y en un blindaje mundial para el dúo de gobierno.
Mientras tanto, en la fachada del Cabildo siguen pasando el episodio de la cadena en la Vuelta de Obligado, en 1845, que simboliza en el ritual nacional a la gesta de la soberanía.

Miguel Gómez

domingo, 9 de mayo de 2010

Kirchner, secretario general

La candidatura de Kirchner a la Unasur fue impuesta por Lula da Silva: es la única razón que explica el voto favorable de Uribe, Alan García e incluso Mujica y Piñera. Lula sigue sumando, así, una masa crítica para incorporar a Brasil al Consejo de Seguridad de la ONU o lograr para él su secretaría general. Es con esto a la vista que Lula resignó, ‘con humildad’, la posibilidad de su reelección como presidente de Brasil.
La Unasur es un diseño del “complejo industrial-militar” de Brasil y de las corporaciones de la construcción, que se benefician con las obras de infraestructura, en especial del corredor bioceánico. Las burguesías menores de la región aspiran a colgarse de este carro brasileño: el actual presidente de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, es socio de una fábrica de armas en Curitiba. Al asimilar en su seno a Bolivia, Venezuela y Ecuador, aprovecha el enorme caudal de materias primas de estos países – e incluso su fondo financiero, como ocurre con Venezuela. De paso, disipa las fantasías de que alguno de ellos se esté encaminando al socialismo o a la nacionalización sin pago de los grandes capitales. La Unasur liga en su tejido capitalista a las economías más estatizantes. Lula evitó, hace tres años, que Bolivia nacionalizara la refinería de Petrobras o que impusiera los precios del gas que vende a Brasil. Andrés Solís Rada, quien fuera ministro de Hidrocarburos de Bolivia hasta que Lula le bajó el pulgar, denuncia un plan de Brasil para “instalar un polo de gas-químico en la frontera, la industrialización del litio y del potasio, la construcción de aeropuertos, vías férreas y carreteras, además de proyectos de electrificación, exploración de áreas petroleras e investigación de hortalizas tropicales” (Argenpress, 26/4). Solís destaca “el interés de la Vale do Rio Doce” –la segunda minera más grande del mundo, transferida a empresarios privados del vecino país– “en evitar que las 100 millones de toneladas de reservas de litio y las dos mil millones de reservas de potasio del salar de Uyuni sean explotadas (...) sin la participación decisiva de Brasil” (www.rebelion.org). En Argentina, la reciente compra del banco Patagonia por parte de Unibanco confirmó el acaparamiento de la industria cementera, de la carne y las finanzas por capitales brasileños.
Brasil, sin embargo, apunta a un desarrollo aun mayor – en la industria aeronáutica y los biocombustibles. Embraer ya ha puesto un pie en Aerolíneas. Estas iniciativas la ponen en ruta de colisión con los capitales norteamericanos –algo que, desde los tiempos de Bush, Brasil y Estados Unidos han buscado neutralizar mediante acuerdos recíprocos. Por esta vía – y, por sobre todo, por su peso económico en la región– el capital norteamericano tiene su propia hoja de ruta en la Unasur. En definitiva, la Unasur es un proyecto de los grandes capitales (‘los grupos más concentrados’ en el habla K) que debe resolver aún la ecuación con el imperialismo yanqui. Por eso contó, en su momento, con el fervoroso apoyo de Duhalde –y la reticencia del ahora convertido K.
El nacionalismo latinoamericano prefiere ignorar estos hechos y hace flamear la bandera del Banco del Sur, que viene durmiendo el sueño de los justos. Es posible que en este punto Brasil deba hacer alguna concesión, ya que, después de todo, su Banco de Desarrollo, veinte veces más grande y con acceso a financiamiento internacional y a la exacción de la Anses brasileña, puede convertirlo en su propio mascarón de proa.
Piñera, Mujica
El apoyo de Piñera y de Mujica a la designación de Kirchner no es difícil de explicar cuando se tienen en cuenta los lazos que unen a las mineras que operan en Argentina y Chile, o a las pasteras y papeleras en Chile, Argentina y Uruguay. Tupamaros y pinochetistas sellan sus acuerdos en función de los intereses capitalistas, de cuya defensa se han hecho cargo. Los K han prometido ahora colaborar en el dragado de los canales de Martín García para poder transportar mejor la pasta de las Botnia que se instalan en la costa uruguaya (en gran parte de capitales chilenos). Con Evo Morales, los negocios no son menores: la exportación de petróleo y gas de la Repsol boliviana a Argentina y el gasoducto del Norte para Techint.
El enfático apoyo de Chávez está signado, en cambio, por factores más ‘estrechos’: los fideicomisos argentino-venezolanos que especulan en el mercado negro del bolívar fuerte. Los Lula, Kirchner o Chávez, como lo hicieron sus antecesores del mismo signo político, se abroquelan para disputar al imperialismo una tajada mayor del ingreso mundial, pero acaban colaborando con él y resignando posiciones cuando la economía mundial deja de presentar tendencias favorables a los precios de las materias primas.
Yo, argentino
A Kirchner, sin embargo, no lo guían a la secretaría de la Unasur los intereses nacionales o antinacionales latinoamericanos, sino la carrera a la candidatura en 2011. En este sentido, ha obtenido una victoria por paliza contra sus rivales en el campo patronal. El hombre del momento para la gran prensa internacional, Lula, lo ha bendecido con la unción, la que ha sido secundada por unanimidad. Kirchner ha ganado en estatura mediática. Sólo tiene un problema: que la candidata de Lula gane las elecciones de octubre próximo en Brasil. De lo contrario, acabará amargándose con el premio que hoy recibe.
Estas escaramuzas diplomáticas quedan reducidas a su real dimensión cuando se mira el mapa de la crisis mundial, que tiene al capitalismo caminando por el abismo. Las fantasías desarrollistas deben medirse con lo que se va desarrollando en el mayor colapso en la historia del capital. El desafío para la clase obrera es convertirlo en el último –aunque esto supone un trabajo, más sistemático que prolongado, de recuperación revolucionaria de los trabajadores.

Jorge Altamira

lunes, 19 de abril de 2010

El precio de una foto

Los Kirchner podrán posar de "nacionales" en la tribuna local.. Pero, en Washington, la realidad los pinta de cuerpo entero.En esa otra tribuna, Obama consiguió el apoyo de los K al monopolio nuclear del imperialismo y sus aliados.Cristina le llevó al presidente yanqui otro regalo jugoso: el nuevo canje de deuda, que asegura beneficios del 100 por ciento a los usureros de Wall Street.Obama se llevó todo a cambio de una foto. Pero con fotos no comemos. Por eso, los obreros de la alimentación, los de la carne, los metalúrgicos y los del subte, entre tantos otros, hacen oír su voz.

Deuda externa, no. 
Salarios, sí.
No a gobiernos capitalistas, sí a un gobierno de trabajadores.