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jueves, 11 de marzo de 2010

La piñata argentina

Los K sobreviven a fuerza de manotazos – primero el de las reservas; ahora, los manotazos de ahogado. La última maniobra del matrimonio ha sido transformar el decretazo sobre las reservas en un proyecto de ley con la firma del senador pampeano Verna. Se trata de una concesión a los opositores ‘destituyentes’ que se han opuesto a los DNU y reclamado, en su lugar, el debate de una ley. El recule del gobierno es manifiesto y hasta descarado: hasta ahora se había negado a enviar un proyecto de ley por temor a que fuera modificado en el Congreso. Como esto es lo que va a ocurrir inevitablemente, los K decidieron mantener la vigencia del DNU, o sea recular extorsionando. Además, siempre tienen el recurso de vetar una ley que no les sea favorable. La nueva maniobra genera una serie de ramificaciones que resulta embrollado desenroscar. Por ejemplo, hay que ver si el acuerdo de los K con los senadores pampeanos incluye el voto favorable de estos al DNU en caso de que el proyecto de ley no prospere o sea modificado (en Diputados). En este caso, el gobierno podría imponer el DNU con la sola aprobación del Senado. Pero antes de que esto ocurra, el debate del proyecto de ley podría prolongarse y generar una ampliación de la base del frente opositor –por ejemplo, si introduce en el proyecto cláusulas que mejoren la coparticipación federal de impuestos para las provincias. El gobierno vería achicada su base de sustentación al extremo de la incapacidad de seguir gobernando. Las reservas, que todo el mundo descuenta que van a crecer debido a la previsión de un gran superávit comercial en 2010, se han convertido en una gran piñata. Son el último recurso disponible para rescatar de la quiebra al Estado y a numerosos capitalistas. Si los K advierten que van a una muerte lenta en 2011, es muy probable que decidan morir de pie; según Clarín y según Crítica, la Presidenta le habría confiado al gobernador de Misiones su intención de adelantar las elecciones para Ejecutivo. Aunque ésta es, con toda probabilidad, una versión interesada que han hecho circular los K, no queda menos que advertir que el legado de Duhalde –presentar la renuncia con anticipación a su efectiva ejecución–  ha hecho escuela.

Crisis fiscal
 
En esta crisis, sin embargo, hay mucho más para cortar. La Presidenta, en el discurso ante el Congreso, confesó que el déficit financiero para 2010 es de 55 mil millones de pesos (15 mil millones de dólares). Habría sido benévola en el cálculo, por lo menos para aquellos que elevan el agujero a 90 mil millones de pesos (24 mil millones de dólares). Sea como fuere, este reconocimiento significa que es necesario rediscutir el Presupuesto para 2010, que fuera alegremente dibujado por el Congreso en noviembre pasado (cuando los K aún tenían mayoría).
Este hecho pone el manotazo a las reservas en otra perspectiva, porque resultaría que la suma prevista no alcanzaría para cerrar el déficit; habría que manotear más o proceder a un recorte de gastos o aumento de impuestos. El déficit financiero de la Tesorería anuncia manotazos aún más groseros contra la Anses. O sea que cuando los alcahuetes de los K justifican el manotazo para evitar el ajuste, están ocultando que el gobierno necesita hacer (y pretende hacer) lo uno y lo otro. La única forma de evitarlo sería recurrir a un financiamiento externo elevado, que es la clave para entender lo que está ocurriendo. Por el monto y los plazos, la deuda pública de Argentina (50% a un plazo promedio de diez años) ofrece una gran posibilidad de incremento, cuando se la compara con Estados Unidos, Gran Bretaña, Grecia, España e incluso Alemania –donde es del 120 al 70% del PBI, y aún el doble de eso si incluye a la deuda privada externa, a plazos que van de cuatro a siete años. Argentina ofrece, además, la carnada de una deuda que podría valorizarse rápido a partir de sus bajos niveles actuales. Frente a este cuadro, Argentina es todavía una oportunidad financiera para la banca internacional –por eso el banco JP Morgan-Chase llamó a invertir en títulos argentinos y él mismo realizó una compra millonaria. Se trata, claro, de una oportunidad de corto plazo, que es el modo de operación de la banca internacional en el cuadro de su propia bancarrota. Los capitalistas instalados en Argentina adoran esta posibilidad, porque están escasos de capital de trabajo y el costo del crédito interno es elevado. Para hacerla corta: la burguesía nacional e internacional apoya por completo el manotazo a las reservas para pagar la deuda que vence, y con ello relanzar el endeudamiento de Argentina hasta los niveles que ya tienen los países más afectados por la bancarrota capitalista internacional.

Coincidencias patrióticas
 
Lo anterior, o sea el apoyo al manotazo de parte de la burguesía, explica la alegre coincidencia de la oposición capitalista con el gobierno sobre la conveniencia del manotazo, en especial de parte de Duhalde y De Narváez, y de la UCR. Estos objetan el método del DNU y promueven un proyecto de ley. Esto explica el infinito juego de negociaciones y conversaciones que tienen mareada a la opinión pública. Pero, en oposición a esta coincidencia, opera el hecho de que las ‘necesidades’ de gobernadores, banqueros e industriales son muy grandes: todos quieren arrebatar la piñata. Gobierno capitalista y oposición capitalista podrían llegar solamente a compromisos breves e inestables, como preludio de choques más intensos. El gobierno, además, carece de base de sustentación –apenas el 20% de imagen positiva según los sondeos. La crisis financiera ha derivado en una crisis constitucional, donde todos los instrumentos de gobierno y de control están en duda y en discusión. Las provocaciones de los K tienen el propósito de estabilizar un gobierno por decreto y de neutralización del parlamento. Como su fracaso es estruendoso, la crisis del régimen político se acentúa. El fenómeno de la crisis constitucional se observa en numerosos países –en particular en la Unión Europea, cuya constitución política se ha revelado totalmente inadecuada en el marco de la bancarrota internacional (de ahí la especulación de alto octanaje contra el euro). Lo mismo se está poniendo en evidencia en Estados Unidos. Los choques con la Corte, que quiere voltear el Consejo de la Magistratura, o la destitución de Marcó del Pont (por poner en práctica un DNU y desobedecer decisiones judiciales) marcan toda la hondura de la crisis constitucional. La Presidenta denunció a la Corte por “censura” y se reservó el derecho de cuestionarla en público. Recordemos que esta Corte fue montada por los K.
Bajo ninguna circunstancia debemos oponer a la crisis constitucional una salida constitucional. Cualquier salida constitucional (que requerirá una Constituyente) se inscribirá como un factor de desvío político para los trabajadores. La crisis se manifiesta en la superestructura pero no es superestructural: es la crisis del régimen capitalista. La perspectiva de conjunto es, más que nunca, un gobierno de trabajadores que implemente una salida anticapitalista.

Los trabajadores
 
La clase obrera de nuestro país no tiene una participación independiente en la crisis en curso. Los Moyano y los Yasky apoyan a los K, y el conjunto de las direcciones sindicales apoya la necesidad de no interrumpir el pago de la deuda externa –incluso varias fracciones políticas que actúan dentro del movimiento obrero combativo sostienen lo mismo y celebran las operaciones estatales de rescate del capitalismo. Pero la obstrucción a una intervención independiente de la clase obrera no es, necesariamente, un factor de estabilización, porque cada sector de la burocracia tira para el lado de un interés capitalista sectorial diferente.
La clase obrera se va a acercar a una intervención en la crisis por medio de aproximaciones sucesivas. Una primera etapa se desarrolló alrededor de mediados del año pasado, con la ocupación de varias empresas y las renovadas luchas del subte. Desde fines del año pasado se asiste a una nueva intervención de los trabajadores desocupados (el financiamiento de los planes Argentina Trabaja está un 80% por debajo de las necesidades). Ahora se abre el período de paritarias en el marco de una inflación creciente. Gran parte del manoteo oficial y de la política de aumentar el endeudamiento externo tiene que ver con la necesidad de frenar la inflación; el gobierno está dispuesto, para eso, a poner freno al dólar alto (en cuyo caso recibirá el apoyo de los pool de siembra pero volverá a chocar con el resto de la burguesía agropecuaria y buena parte de la industrial). Las paritarias deberán dirimir la próxima etapa de la crisis, cuando aún no habrá sido resuelta la etapa en curso. Es con esta caracterización estratégica que debemos reivindicar el derecho de la clase obrera a intervenir en las paritarias por medio de representantes electos, supervisados por las asambleas.

Jorge Altamira

domingo, 7 de marzo de 2010

Wall Street y la "City" festejan otro manotazo

Para salir del atolladero del ‘Fondo Bicentenario’, la presidenta se presentó ante el Congreso con el manoteo de las reservas ya consumado. Pero esta avivada no asegura el pago de la deuda externa por la simple razón de que agrava la crisis política y no resuelve la fiscal. Detrás de la suba de los bonos y las acciones luego del decretazo presidencial, está la mano de los bancos nacionales y extranjeros interesados en cobrar las comisiones millonarias que promete dejar el canje de la deuda impaga, en 2005, por deuda nueva. Estos bancos ven al ‘fondo del desendeudamiento’ como un anticipo de los 15 mil millones de dólares que debería dejar el saldo comercial de 2010. Que “Hillary (Clinton) no ve mal pagar la deuda con reservas”, no debe sorprender, porque desde el gobierno de su marido los Clinton han sido los mandatarios de banqueros como el Citi, Morgan y Goldman Sachs.


Presente griego
 
La sustracción de las reservas no salva al kirchnerismo de una bancarrota; es la prueba de esa bancarrota. Hay una quiebra fiscal. El presupuesto es un dibujo contable. De acuerdo a ciertos estudios, se han omitido computar ni más ni menos que 50.000 millones en concepto de gastos. Los vencimientos de la deuda de 2010, tres veces mayores que el manotazo, no tienen previsto financiamiento en el presupuesto. Ni hablar del déficit de las provincias, cuya deuda a asciende a 70.000 millones de pesos. El alejamiento de Boudou esta a la vuelta de la esquina. “En Wall Street advierten... que si el proyecto no se aprueba, la Argentina podría entrar otra vez en zona default” (Clarín, 26/2). El fondo de los ‘nacionales’ K responde a una exigencia de la banca de inversión internacional. Con respecto a la perspectiva de un gran superávit comercial – unos 15.000 millones dólares–  se la come una fuga de capitales o implica mayor inflación, porque provoca emisión de moneda. “Uno de los grandes interrogantes es si los 15.000 millones de dólares que ingresarían al país por la ventanilla comercial se fugaran por la ventanilla financiera” (Crítica, 28/2).

Crisis política
 
La oposición ha replicado con un contragolpe judicial y legislativo. Comparte la necesidad de asegurar el pago de la deuda, pero reclama que sirva para atender los déficits de las provincias y, por sobre todo, que se financie con un ajuste fiscal. Es el punto de vista que vienen alentando los bancos centrales de las metrópolis imperialistas.
El decretazo y la réplica opositora plantean un nuevo salto de la crisis política. A fuerza de decretazos y vetos, los K confían que “sé ira diluyendo el empuje opositor a medida que se acerca la carrera electoral de 2011: para ese entonces será una disputa de todos contra todos” (Crítica, 28/2). “El caso de Menem podría repetirse con otros senadores: el francotirador necesita abatir sólo a un senador opositor” (La Nación, 28/2).
Está claro que estamos lejos de una parlamentarizacion del proceso político: asistimos a una desintegracion del regimen politico vigente. “La construccion de poder”, por parte de los K, se viene abajo. Por esto, no se puede excluir la posibilidad de llamado a elecciones adelantadas, o sea la interrupción del mandato de los K.

Una perspectiva política propia
 
Los trabajadores tenemos que desarrollar una perspectiva propia. Las burocracias sindicales, por el contrario, están trabajando para asegurar el rescate del capital a través de pactos sociales y de paritarias regimentadas, que no cuentan con la participación de los trabajadores. La dirección docente acaba de hacer un acuerdo ruinoso en que el aumento salarial no compensa la inflación pasada y menos aún con la que está en curso. El único control de precios vigente es el que rige para el salario. El 70 por ciento de los que trabajan ganan menos de 2.000 pesos mensuales. La mitad de los asalariados “en negro” menos de 1.000 pesos. La bancarrota del capital y de su régimen político pone en evidencia el agotamiento del régimen social capitalista y de sus representantes políticos. Si la crisis capitalista no desemboca en una transformación social, las consecuencias de ella la pagaremos los trabajadores con desempleo y reducciones de salarios y de protección social. Se trata, en primer lugar de impedir con la lucha los despidos y de imponer su prohibición. En segundo lugar de ajustar en forma mensual los salarios y las jubilaciones a la inflación. En tercer lugar, se plantea la nacionalización, sin compensación, de los bancos y del comercio exterior, y el cese del pago de la deuda usuraria, para armar un plan de pleno empleo y de industrialización que beneficie a los trabajadores.

Pablo Heller