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jueves, 16 de junio de 2011

Una crisis política al comienzo de la campaña

Un disparo a la base de flotación del gobierno

El escándalo de corrupción que envuelve a la ONG Madres de Plaza de Mayo le ha dado una cuota necesaria de realismo a la campaña electoral. El gobierno -al cual los encuestadores (pagos) asignaban un triunfo aplastante en la primera vuelta- aparece inmerso ahora en una crisis política, cuyo alcance aún no se puede estimar. Los análisis políticos trazados a partir de las encuestas no pasan la prueba de los hechos, ya que excluyen los factores históricos en presencia, que son los que en definitiva explican la dinámica del proceso político.
La crisis desatada por la corruptela concentra todas las contradicciones del proceso político: 1) muestra que la cooptación de las organizaciones populares por parte del Estado produce el efecto contrario de quebrarlas como sustento político; 2) que la "política de derechos humanos de los K" oculta negociados millonarios; 3) que la obra pública desarrolla un proceso de tercerización laboral; 4) que al interior de las filas oficiales existe una disputa política agudísima; o sea que el kirchnerismo es una bolsa de gatos con ribetes ingobernables.
Este último punto ahora estalla con toda su fuerza. Mientras los funcionarios de mayor importancia del gobierno han querido circunscribir la responsabilidad de la corruptela en Schoklender y su grupo más cercano, otros sectores kirchneristas (como Estela de Carlotto, las Madres Línea Fundadora y el propio D'Elía) se deslindan de Hebe y le reclaman una rendición de cuentas por la utilización de los más de 700 millones de pesos. El enfrentamiento tiene toda la apariencia de un ajuste de cuentas por favores repartidos en forma desigual. Según D'Elía, los aviones de Schoklender podían haber sido utilizados para el tráfico de drogas. Otras denuncias salpican el apellido Kirchner, al involucrar a un primo del ex presidente en manejos turbios de fondos de la obra pública. En la misma línea, se afirma que la mesa de dinero usada por Schoklender para el cambio de cheques era la misma que usaban los empresarios involucrados en la causa de la "mafia de los medicamentos" -quienes financiaron parte de la campaña presidencial oficialista en 2007.
Las divisiones en el campo oficial se potencian. Se le atribuye a Moyano el (improbable) suministro de la información sobre los negociados de Schoklender y su pandilla. Moyano reclama que se le cierren las causas en su contra, especialmente la que tiene en la mira a su mujer por el manejo de la obra social. Moyano culpó a sectores kirchneristas por el corte de más de 24 horas que los camioneros realizaron para repudiar la muerte de un trabajador que no recibió atención en la obra social. La ambulancia que nunca llegó está tercerizada a una empresa de la familia de la esposa de Moyano. Por el lado de D'Elía, la denuncia contra Hebe y las sospechas sobre narcotráfico contra Schoklender están acompañadas por la exigencia de lugares en la lista del Frente para la Victoria.
A pesar de que las denuncias provienen del interior del kirchnerismo contra Schoklender, Hebe y funcionarios ligados a De Vido, el gobierno busca restaurar el discurso clásico de responsabilizar a la derecha para afectar la política de "derechos humanos". El problema está dentro del campo oficial. Si CFK tiene dudas sobre su candidatura para un nuevo mandato, la razón es la escasa capacidad de arbitraje que está mostrando para manejar estas contradicciones o para enfrentar denuncias que afecten a su propia familia.
En síntesis: cuando el gobierno se declaraba ganador por anticipado, le ha estallado una bomba, a la que hay que agregar la fuga de capitales, la crisis comercial con Brasil y la inflación. Esto recién empieza.

Gabriel Solano

martes, 14 de junio de 2011

Schoklender, la victoria cultural del kirchnerismo

Mientras la Argentina que trabaja se levanta todas las mañanas para llevarse el pan a la boca, un sector de los intelectuales de este país -el más ruidoso- se despierta un poco más tarde para reiterar, cada día que el kirchnerismo es el ganador de la "batalla cultural". Una pelea corta, por cierto, de tres ‘rounds', porque habría comenzado después de la derrota de la Resolución 125 -la que establecía la escala móvil de las retenciones para la soja- y de la derrota del oficialismo en las elecciones de junio de 2009. Los arqueólogos que estudian esta batalla datan el remonte oficial a las fiestas del Bicentenario -e incluso algunos no vacilan en darle un toque necrófilo al atribuírsela a la muerte de Néstor Kirchner. El asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra (ocurrido una semana antes por parte de una patota de la burocracia que acompañó a la Presidenta en un acto de la CGT en River) se manifiesta en esta "batalla cultural" en la saña que han puesto estos intelectuales en responsabilizar al Partido Obrero por el crimen cometido por la patota oficial. En esta batalla, los kirchneristas se escudan, antes que nada, en la sanción de la ley de medios (por sobre todo, en ‘fútbol para todos') o el matrimonio igualitario, aunque algunos se animan a añadirle la estatización de las AFJP y el ‘desendeudamiento' -o sea, el pago de la deuda externa con la plata de la misma Anses y del Banco Central. Pero lo que realmente celebran son las encuestas que anuncian la reelección. Festejar el ingreso de los pulpos telefónicos en los medios audiovisuales o la estatización de los contenidos culturales solamente se les puede ocurrir a los intelectuales que cobran dineros públicos para ‘pensar'. El matrimonio igualitario -ya consagrado en numerosos países e incluso apoyado por el ultraconservador The Wall Street Journal- es usado como lastre para seguir cajoneando el derecho al aborto y para justificar la inacción en el tráfico de mujeres y de niños, la prostitución y la proliferación del juego de manos del K Cristóbal López. De todos modos, es cierto que las encuestas dicen que la Presidenta salió del hoyo electoral de su marido y está anotada ahora para ganar en primera vuelta -por lo que sus intelectuales podrían, entonces, seguir cobrando cuatro años más.
La ‘batalla cultural" -o la llamada "lucha por la hegemonía cultural"- es un argumento perfecto para justificar los menesteres del intelectualismo de Estado. Pero es, por sobre todo, un subterfugio para sustituir la lucha real que se libra en la sociedad, la lucha de clases, por la lucha del lenguaje; es decir, el palabrerío. Los intelectuales presentan batalla en el campo del lenguaje para no hablar de los compromisos reales, para nada verbales, del gobierno con las mineras, las petroleras, los banqueros y los acreedores externos, o con el mantenimiento del trabajo precario y las jubilaciones de miseria. Pero los K no pueden hacer esto sin proceder a su propia desnaturalización del lenguaje, con el resultado de que los funcionarios del Estado, a 30 mil pesos mensuales, han ganado la categoría de ‘militantes'. La lucha de ideas políticas, sin embargo, no tiene un fin en sí mismo, sino que es el laboratorio que procesa y orienta la lucha de clases. Para ganar una batalla cultural primero hay que transformar las relaciones sociales -el resto es macaneo. Bajo ropajes diferentes, las ideas dominantes son siempre, en última instancia, las ideas de la clase dominante. Para que esto deje de ocurrir es necesario derrocar a la clase dominante y transformar las condiciones sociales que han hecho posible su dominio. La ‘ideología' K es una ideología de la clase dominante.
El ‘affaire' Schoklender ha venido a poner un fin al cacareo de la ‘batalla cultural', porque este ‘affaire' es la manifestación por excelencia de la ‘cultura' del kirchnerismo, es decir: de su realidad. La Asociación de las Madres fue convertida en una ONG, una Fundación: una figura típica de la política de desmantelamiento (privatización) de la protección social por parte del Estado. Fue ‘recreada', bajo la batuta del Estado, para realizar negocios patrocinados por el gobierno. Es la etapa final y la consecuencia natural de su cooptación política, o sea de su borocotización. El kirchnerismo es precisamente un aparato de borocotización de organizaciones sociales, piqueteras, sindicales, culturales -todas las cuales tienen una parte en los negociados del Estado. Las patotas que ejercen la represión tercerizada contra las organizaciones que luchan salen de las filas de las organizaciones estatizadas por esta política y de las burocracias cooptadas. El propio Schoklender actuaba como un matón, acompañado por su propia patota, y explotaba a trabajadores ‘en negro' y precarios, tal como lo hacía Pedraza en el ferrocarril. ¿O hay alguna diferencia entre los contratos de las obras sociales con los proveedores manejados por su propia burocracia y sus familias, y los que ataban los planes de vivienda de Madres con las empresas de Schoklender?
El kirchnerismo no logrará separar a Hebe de Bonafini de Schoklender, ni logrará separarse de Schoklender mismo, porque esos negociados no hubieran sido posibles sin la participación de Planeamiento y de De Vido, así como de los institutos de viviendas provinciales e incluso del macrismo. ¡Macri encubridor de Madres! -esto pone fin al ‘discurso' K.
Ante los ojos del país entero aparece la construcción ‘cultural' definitiva del kirchnerismo: la desnaturalización, nada menos, de las Madres de Plaza de Mayo. Se acabó el cuento de la ‘batalla cultural' y de las ‘batallas ganadas' que nunca se dieron. Schoklender es el producto ‘cultural' K por antonomasia y así había sido reivindicado hasta ahora por el kirchnerismo. La estatización de las organizaciones populares es el punto de partida de la degeneración de la ONG Madres, y esta estatización es la única ‘ideología' y la única ‘cultura' del kirchnerismo. El ‘lenguaje' K ha quedado reducido a lo que es: palabrerío.

Jorge Altamir