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lunes, 12 de diciembre de 2011

TARIFAZOS : La "renuncia voluntaria" es cuento


TarifazoEl tarifazo viene acompañado de un impuestazo. "Hay un efecto adicional y es que aumentará el monto sobre el cual se calcula la carga tributaria, según advierte un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf)" (La Nación, 29/11). La adición equivaldrá como mínimo al 21% del subsidio eliminado (ésa es la alícuota del IVA)... "El gobierno nacional dejará de girar fondos para subsidios y, al mismo tiempo, recaudará más por el impuesto al valor agregado (IVA)" (ídem). El nuevo mandato de Cristina debuta con una recarga impositiva que acentúa aún más la regresividad del régimen vigente.
No es moco de pavo. "Por cada 100 pesos que se eliminen de subsidio, hay que sumar 28 pesos por los tributos nacionales o de otro nivel" (ídem). Cuando se habla de "otro nivel", se hace referencia a los tributos provinciales y municipales, los que van enganchados a los servicios en la misma factura.
Renuncias compulsivas
Los requisitos dados a conocer por el gobierno para mantener el subsidio confirman que sólo podría acceder una ínfima minoría. Si nos atenemos a las condiciones que se publicaron, sólo quedarían exceptuados los indigentes. Un jubilado que cobrara una suma superior a la mínima, debería pagar la tarifa plena. Mientras el gobierno bate el parche sobre las "renuncias voluntarias", lo cierto es que vamos a una renuncia compulsiva de la gran mayoría de los hogares argentinos -o sea, de los trabajadores y de la clase media. Si el usuario cree que "sus ingresos son insuficientes para afrontar el pago de las tarifas plenas" (una de las alternativas que incluye el formulario), será sometido "a un cruce de datos con el Afip y la Anses y su caso quedará en manos de los funcionarios encargados de aprobar la quita o extensión de los subsidios" (ídem).
¿A dónde va a parar la quita de subsidios?
La perlita la puso De Vido cuando dijo que "en esta nueva etapa, iremos orientando los subsidios a los sectores que lo necesiten, como es el sector de la construcción" -o sea a favor de la patria contratista, a la que están asociados los principales grupos corporativos (amigos y no tan amigos del gobierno), con sus Skanska y Schoklender.
En lugar de una "renuncia voluntaria", estamos ante una imposición.

Pablo Heller

lunes, 12 de abril de 2010

Reacomodando los precios

 
 
Los comentaristas de turno tomaron en sorna las fatigas de Boudou y de Fernández para explicar los aumentos como la consecuencia de un ‘reacomodamiento’ y no de la inflación. Claro, para que haya ‘reacomodamiento’, lo que sube debe ser compensado por lo que baja –y no hay mercadería cuyo precio no pare de aumentar. La inflación viene subiendo desde 2006, precisamente por el ‘reacomodamiento’ de precios: después del derrumbe de 2002, los precios se han ido ‘reacomodando’ a los niveles internacionales, donde hay incluso una tendencia a la deflación, como ya había ocurrido desde la ‘convertibilidad’ hasta la declaración de ‘default’. Estamos, como dicen los K, ante un verdadero ‘reacomodo' en dirección a la estratosfera. El ‘cafecito’ criollo es un poquito más caro que el de Roma o Milán, el pollo ostensiblemente más caro que en Brasil y la carne ya está más cara que en Uruguay – por primera vez desde 2002.
Los precios que no se logran reacomodar son, con toda evidencia, los de la fuerza de trabajo, en primer lugar por el elevado trabajo en negro. La mitad de la fuerza laboral gana una media de 1.500 pesos – cinco veces menos que el salario mínimo en euros, cuatro veces menos que el mínimo en dólares y tres veces por debajo del costo de la canasta familiar en pesos. Los salarios de convenio tampoco llegan al costo de la canasta familiar, salvo en unas pocas especialidades.
Los países que pagan con unción religiosa la deuda externa no deberían tener inflación sino deflación, porque el pago saca pesos de circulación para comprar dólares que se van al exterior. Incluso si el gobierno ha gozado durante cinco años de un copioso superávit comercial, que debería haber aumentado la circulación de pesos, ese excedente fue consumido, desde 2007, por la fuga de capitales. La inflación ha sido generada entonces –incluso en un año de fuerte caída de la demanda de consumo y de inversión, como 2009– por una política abusiva de subsidios de tarifas y de precios, que engordó a los capitales – amigos o no. Es un gasto parasitario, que supera el 20% del total del presupuesto, que fue financiado por emisión del Banco Central (adelantos transitorios, uso de reservas, triangulaciones con otros bancos estatales, sin obtener de parte del Estado la contrapartida de activos o garantías de valor real. En los bancos hay una abundante liquidez (el 40% de los depósitos), que es destinada a la compra de títulos públicos. Hay una inflación descomunal de precios de papeles de deuda y, por lo tanto, ganancias ficticias que también presionan sobre los precios del consumo.
Pero cuando los mosqueteros K hablan de ‘reacomodamiento’, están diciendo algo más de lo que quieren escuchar sus críticos. Están aludiendo a la intención del gobierno de ‘reacomodar’ los precios y tarifas de mercaderías y servicios subsidiados. O sea que van por ‘el ajuste fiscal’ que adjudican a sus opositores de la ‘restauración conservadora’. Eso quedó claro a principios de esta semana cuando el gobierno retiró los subsidios al engorde de ganado en corrales, alegando que el aumento de los precios de la carne los hacía superfluos. Los K se quejan por la remarcación de precios que en realidad promueven. Lo mismo ha ocurrido ya con los peajes y con los precios de la nafta (deberán subir otro 10% en los próximos días) y desde el año pasado hay un programa de actualización de las tarifas de gas y de luz. Los K están, entonces, en pleno ajuste, pero, como los ladrones, gritan: "al ladrón, al ladrón". Es a la luz de esta política que se explica el parate que ha sufrido la devaluación internacional del peso, porque de este modo el aumento de precios se produce también en términos de dólares – que es lo que le interesa al capital. Para mantener el dólar clavado son necesarios los ‘canjes’, mayores endeudamientos y el pago de la deuda al Club de París. ¡Quieren contener la inflación, provocada por el gasto fiscal en subsidios, con el ‘reacomodamiento’ de los precios que se encuentran subsidiados! Además de los perjuicios que esto provoca a la burguesía que necesita devaluar para poder exportar y para proteger su mercado interno, las contradicciones sociales que plantea la política oficial son numerosas y así se irán manifestando en el curso del tiempo.

Jorge Altamira